domingo, 14 de marzo de 2010

JPF: conceptos sobre la filosofìa y la religión



Lo que sigue es un resumen lo más respetuoso posible de las ideas de José Pablo Feinmann en su libro “¿Qué es la filosofìa” (Prometeo Libros, 2006) sobre estos temas en particular. El libro es a la vez una transcripción de las clases de filosofía que brinda habitualmente. Como realmente sus conceptos me impactaron fuerte -confirmando a la vez mi visión de las cosas- quise reproducirlos aquí como quien lo charla minuciosamente con un amigo en un café (¡qué vetustez!). Más fuerte aún es la necesidad que tengo de hacerlo por no tener en la vida una sola persona alrededor a quien supuestamente pueda interesarle el tema (una verdadera lástima). Son las ganas de contagiar a un ilusorio interlocutor con mi emoción. Soy incapaz de expresarme con ideas originales en temas tan relevantes y por eso hago este intento. Espero nadie de la industria del libro repare en este blog inútil y me haga problemas de reproducción (eso sí, las fotos son mías). Sería lo único que me falta. Les informo: no tengo dinero y esto solo me brinda un raro beneficio espiritual. Por si quedan dudas, invito a todo lector de estas líneas a comprar el libro en cuestión, me parece imprescindible porque relaciona la historia de las ideas con la utopía de la liberación. Por favor, tampoco nadie le diga a Feinmann que soy antikirchnerista. Más abajo, un pequeño raconto de mis sentimientos hacia la religión. Horanosaurus.

PD: sobre el final agrego unos párrafos más pertenecientes al más moderno "La filosofía y el barro de la historia", también de Feinmann, y artículos relacionados a este mismo tema.

Descartes es el primer “asesino” de Dios. Cuando Descartes “mata” a Dios al decir “dudo de todo”, està matando a la dogmàtica eclesiástica y medieval, està matando a Santo Tomàs y a toda la escolástica y a Torquemada (o màs bien està huyendo de èl), lo que expresa un gran coraje. Dudo de todo y un hombre no puede dudar de todo si es creyente. Preguntèmosle al nuevo Papa que haría con Descartes: tendrìa un campo de concentración para Descartes nada màs si pudiese, porque, dudar de todo para la Iglesia es inadmisible, no se puede dudar de Dios. Dudar de todo y decir que lo único de lo que no puedo dudar es del hombre que yo soy es matar a Dios.

Nos preguntamos que es la filosofía con la idea que nos dará respuestas tranquilizadoras y en verdad viene a problematizar. La filosofía viene a incomodarnos, a preguntar cosas que los animales, por ejemplo, no se preguntan. Y en este sentido el hombre es el ser màs patético de la creación y a la vez el màs conmovedor, porque es el único que muere y sabe que muere. Es decir que a la muerte le añade la conciencia de la muerte, lo cual es muy difícil de sobrellevar. Por eso existe la filosofía pero también las religiones, las cosmogonías y las teogonías. O sea, esa figura a la que se recurre tanto: Dios. La filosofía existe porque los hombres mueren. Y las religiones también, las cosmogonías también y Dios también.

La filosofía existe porque la erudición no alcanza. Porque el hombre es un ser trágico, finito en medio de la infinitud. Es una tragedia insoportable. Por eso existe la filosofía y tambièn existe Dios o la religiòn: pero son dos caminos distintos. La filosofía para existir tiene que renegar de Dios porque Dios es un responde-preguntas automàtico, es el comodìn de las respuestas: Dios responde todo. Cuando llegamos a Dios ya no hay filosofía posible porque entra la fe, y la fe es la negación de la filosofía. La filosofía es pensarlo todo, la fe es creerlo todo: la diferencia es abismal.

La filosofía es una pràctica que instrumentò un ser capaz de vivir sabiendo que va a morir. Esto transforma al hombre en un ser metafísico: el hombre es el único ser de este planeta que se pregunta por el sentido de la existencia y del universo. Y es el único ser que muere y sabe que va a morir; la tragedia esencial de ser humano es pensar su finitud y sentirse imperfecto en un mundo perfecto, mortal en un universo que aparenta no morir. Entonces, se le presentan dos caminos: o la filosofía o la fe.

El afán de conocimiento se traduce en una angustia profunda porque le revela su finitud, lo hace cada vez màs consciente de su precaria finitud. Cualquier noche estrellada uno se tira en un jardín, echa su mirada hacia arriba, mira las estrellas y a los diez minutos grita: “¡Dios!”, porque no queda otra respuesta, o existe Dios o yo no tengo como explicar eso. Bendito de aquel que crea en alguien que creò este mundo, porque en realidad es la resolución de todos nuestros problemas. Pero también esa creencia crea otros gravísimos como responder la pregunta de Primo Levi: “¿Còmo explicar Auschwitz si existe Dios?”. Existe Auscwhitz o existe Dios.

Dios es lo que, de alguna manera, nos permite no enterarnos, no preguntar màs, porque la continua acción de preguntar lleva a la angustia porque por supuesto, lleva a la revelación de la nada. La idea de la nada nos resulta muy angustiosa, porque se relaciona con la muerte, porque somos finitos.

La fe puede preservarnos de esa experiencia. Indudablemente el que tiene fe salva esta cuestión epistemológica quizás, aunque muy difícilmente pueda a esta altura de los tiempos explicar la presencia activa de un Dios en la historia. Y si lograra explicársela siempre quedarìan dudas sobre una serie de cosas, como Aschwitz.

El arrojarnos en la fe es conmovedor y a la vez tranquilizador. La filosofía no pretende ser tranquilizadora, pretende que sepamos y tengamos conciencia de que vivimos, es cierto, pero que vivimos porque somos seres arrojados hacia nuestras posibilidades, y que en cada una de nuestras posibilidades habita nuestra imposibilidad, que es la muerte. Cuando somos concientes de eso se dice que llegamos a nuestra existencia autèntica o que la existencia adquiere espesor cuando incorpora la finitud. En la vida de toda persona hay dos momentos: cuando vive sin saber que va a morir y cuando llega el momento en que incorpora la muerte.

La filosofía tiene el coraje y aùn la necesidad interna de matar a Dios, porque o pensamos o creemos, las dos cosas no. O la fe o el saber.



Descartes lo mata a Dios porque duda. El hombre no puede dudar, porque la verdad ya està revelada por Dios, Dios es el revelador de la verdad. Lo que hace Descartes es subversivo, por màs que luego trate de arreglar las cuentas con Dios y diga: bueno, pero la realidad exterior yo no la puedo demostrar desde el cogito, sin postular a Dios.

Como era un hombre muy medroso, luego hace una gran aflojada. ¿Còmo se explica tanta necesidad de alcanzar alguna certeza y a la vez tanta prudencia para no ofender los poderes? Estaba lleno de miedo Descartes, por eso se fue a Holanda, donde le decían “piense tranquilo”. En realidad lo que un filòsofo quiere es que le den plata y lo dejen pensar. Por eso, “El discurso del método” tiene un final hermoso. Descartes quiere que su libro le traiga gloria y le dejen disfrutar de su ocio.

Descartes tenía miedo porque la Inquisiciòn lo quemó a Giordano Bruno y cuando dijo “de lo único que no puedo dudar es del yo”, pensó que la Iglesia no se lo perdonarìa. Se va a Holanda a cobijarse, donde está el naciente capitalismo, el calvinismo, el protestantismo, porque un filósofo necesita un lugar seguro y una màquina de escribir (o una PC, bueno).

Descartes duda de la realidad externa: eso que veo y està afuera, ¿es realmente asì? Entonces recurre a la veracidad divina y dice: dado que lo veo, Dios me hace verlo y Dios no me puede engañar. Aquì es cuando tira la esponja. Se acordó de Torquemada y dijo: bueno, cedamos algo. Pero incluso cuando èl presenta la prueba ontológica de Dios vuelve al cogito. Fìjense la soberbia de Descartes, dice: Dios existe porque existe en mì la idea de la perfección. En consecuencia, otra vez deducimos la existencia de Dios del cogito, otra vez es el cogito, es la subjetividad, que tiene en si la idea de la perfección, la que garatiza la existencia de lo perfecto.

La razón cartesiana se considera libre de las pasiones pero Descartes, cuando “mata” a Dios, no lo hace tan explícitamente como Nietzche. Veremos como se fue tramando en la historia de la filosofía el asesinato de este esquivo personaje, ya que generalmente no se lo ve por estos barrios. Foucault también lo hará.

Feinmann llama a Dios “el octavo pasajero” de la filosofía, porque hace una analogía con la película de Ridley Scott, donde toda la odisea es encontrar al pasajero extra siendo la tripulación de siete, para echarlo de la nave. Dice que la filosofía no logra nunca echarlo a Dios y que Dios se les mete por todos lados a los filósofos, que creen matarlo. Dios es el alienígena inexpulsable de la filosofía.

Descartes es el primer asesino de Dios (en la modernidad) que pretende poner al hombre como sujeto, hacedor de la historia, en la centralidad. El mundo deviene imagen del hombre y ocupa el lugar de la imagen de Dios. El mundo es ahora a imagen y semejanza del hombre, como instancia constituyente de la realidad: surge el humanismo. La realidad encuentra su punto de centralidad epistemológica y cognoscitiva en la subjetividad humana. Es el primer gran crimen, el primer gran asesinato de Dios.

El humanismo tiene que asesinar necesariamente a Dios; no puede haber un humanismo religioso. En 1737, cuando Descartes publica “El discurso del método”, el solo hecho de que diga “dudo” señala que està matando a Dios, porque Dios es la negación de toda duda. Ningùn hombre creyente puede dudar; la fe elimina en èl la posibilidad de toda duda. Por eso la fe cunde tanto, porque los hombres necesitan creer, necesitan arrojar de sì sus dudas, entonces van a creer en lo que sea. Creeràn en este Papa, haya sido o no miembro de las juventudes hitleristas, no importa, hay que divinizar a algún hombre porque Dios ha callado. Con un Papa tenemos Dios en la tierra, tenemos algo en que creer, tenemos a alguien que nos va a librar de todas nuestras dudas, que nos angustian muchísimo.

Hay que divinizar a un hombre. De ahí la importancia de los Papas, de los pastores evangélicos, de estos hindúes o filósofos indios que se ponen a hablar por televisión y dicen cosas rarísimas que uno no entiende, pero que alguien debe entender o que a algún alma atormentada deben calmar. Un mundo sin Dios es un mundo sin explicaciones trascendentes e intolerable.

Karl Jaspers ha pensado los problemas de la fe y dice que la filosofía puede ir hasta un cierto punto, que con la razón podemos avanzar hasta cierto momento, pero que no vamos a llegar a Dios con la razón. En determinado instante tenemos que dar lo que èl llama “el salto”, que es el salto de la razón a la fe.

Heidegger lo dice claramente: para filosofar, ante todo, dejemos de lado la religión. Porque la religión es otra cosa, es el ámbito de la creencia, es el ámbito de la fe en el que creo en un ente todo poderoso que es Dios, quien revela la verdad. Y si Dios revela la verdad, yo ya no tengo que buscarla. Y si esa verdad se instituye en un Estado sobre la tierra, que es el Vaticano, que es la Iglesia del Señor, yo no tengo màs que creer con toda mi fe en las verdades que esa institución revela.

Esto da una gran tranquilidad, que es un poco la de la obediencia debida, es la calma de la fe de vida. Cuando uno tiene fe no tiene dudas y asì no tiene tormentos, no tiene angustia, es feliz, està protegido. La Iglesia protege. No sòlo la Iglesia Catòlica, todas las Iglesias protegen de la duda, de la angustia, de la soledad, del dolor, de la idea de muerte.

“Pero la fe no es la filosofía. La filosofía para mi es la angustia, la intranquilidad, la problematicidad constante, el preguntar incansable, el no tener certezas, sino solo posiciones nunca definitivas. En última instancia, es la democracia del pensamiento. La fe no lo es, la fe es el absolutismo, es la verticalidad, son las certezas absolutas, porque responden a la màs absoluta de las certezas, que es Dios, que no es una certeza, es una fe, es una creencia. Por eso, para hacer filosofía necesariamente hay que matar a Dios.”

Cuando Descartes dice “dudo de todo”, eso es subversión. Dudo de todo, dudo también de Dios. Yo no puedo dudar de todo si creo que hay un Dios que revela la verdad. Pero, si dudo de todo, me tengo que hacer cargo de mi angustia.

Descartes es el primero que mata a Dios. Después de “El discurso del método” pasan muchas cosas y lo vuelve a meter a Dios por la ventana, pero fue el comienzo. Como dice Heidegger, el hombre pasa a ser el subiectum, aparta a Dios y pone al hombre en el centro: aquello que subyace a todo lo demás es el hombre.

Descartes luego recurre a una prueba ontológica. “Prueba ontológica” se le llama a la prueba a priori sobre la existencia de Dios o sea al argumento que pretende probar su existencia no a partir de alguna experiencia, sino a partir del propio concepto de Dios, de su esencia.

“Prueba a priori” justamente porque no depende de la experiencia. El primero que la enunciò fue San Anselmo de Canterbury y después muchos teólogos y filósofos se ocuparon de ella. Santo Tomàs de Aquino, por ejemplo, a las cuales llama “pruebas” o “vìas”. Pero no acepta que haya una prueba que pueda deducir la existencia de Dios a partir de su esencia. En cambio, propone otras cinco argumentaciones que, según èl, demostrarìan la existencia de Dios pero no a priori sino “a posteriori”, es decir, a partir de la experiencia. Pero a partir de la experiencia sensible toda argumentación se reduce a una simple inferencia. Porque si de algo no tenemos experiencia sensible directa es de Dios.

Descartes ofrece su demostraciòn reformulando la argumentación de San Anselmo, pero proviniendo del hombre, porque dice: dado que existe en mì la idea de la perfección, lo perfecto debe existir. Con la enorme arrogancia del sujeto cartesiano prosigue: Dios existe porque existe en mi la idea de la perfección. Solo un ser perfecto puede poner en mi conciencia la idea de la perfecciòn porque yo, que soy un ser imperfecto, no puedo imaginar la perfección. Ergo, ese ser es Dios y èsta es la prueba ontológica que prueba la existencia de Dios. Esta perfección la deduzco de una idea que hay en mi conciencia, o sea, el hombre sigue siendo la garantía de la existencia de Dios. Y ya no al revés.

Eso determina cosas en el ámbito político. Descartes està en medio del Renacimiento, es el surgimiento dela modernidad, el descubrimiento de Amèrica, Galileo Galilei, Copèrnico, Giordano Bruno. Es un gran movimiento del retorno del hombre, porque la Edad Media fue la edad de la espera: el hombre espera el Reino de los Cielos, espera el cumplimiento de la promesa divina, entonces no tiene nada que hacer con la historia, sòlo tiene que esperar. Asì podemos entender trece siglos de silencio de la historia.

“Yo no tengo la màs mínima simpatía por la Edad Media, porque noto la quietud del hombre, la omnipresencia de Dios, y dònde està la omnipresencia de Dios està la pasividad del hombre. Allì donde reina Dios el hombre es un ser degradado y pasivo”.

Està muy bien puesto el nombre de “renacimiento” porque es el renacimiento de la historia y del hombre. La historia empieza a moverse porque los hombres parecen decir: se acabò, no esperamos màs, nos vamos a ocupar nosotros de la historia. Entonces Galilei inventa el telescopio y si la Iglesia dice que la Tierra ocupa el centro y el Sol gira alrededor de ella, la saca del centro en un gesto prometeico que le està diciendo a la dogmàtica eclesiástica: no señores, ustedes no tienen razón, Ptolomeo no tiene razón, la Tierra es un cascote que gira alrededor del sol.

Descartes viene a anunciar que Dios ya no tiene ingerencia en la historia humana y que los hombres son los que hacen la historia. Lo dice en 1637 y partir de entonces la historia se acelera bastante. En 1789 le cortan la cabeza a Luis XVI, van los desarrapados de la Revoluciòn Francesa y derogan su pretendido derecho divino al trono y le cortan la cabeza. Otra muerte de Dios: el rey muere por ser representante de Dios. ¿Y quièn lo reemplaza? La asamblea, los derechos del hombre y el ciudadano. El hombre ocupa otra vez la centralidad. Cortarle la cabeza a Luis XVI es matar a Dios, ya que los reyes gobernaban por derecho divino.

Pero tengamos siempre presente al octavo pasajero, el alien que sigue en la nave. Todos creen que lo mataron… pero reaparecerà.

1843: otro gran asesino de Dios, talentosísimo, Karl Marx. Marx, en “Introducciòn a la Crìtica de la Filosofìa del Derecho de Hegel” de 1846, un texto apasionado y temprano de Marx, abominado por el estalinismo y por Althuser, porque eran textos humanistas y no científicos, postula a la religión como “el opio de los pueblos”, una frase que se vulgarizò injustamente.

La interpretación de Marx es brillantísima e inobjetable. Se basa en el libro de Feuerbach “La esencia del cristianismo”, que inaugura el “humanismo ateo”, lo que en el fondo es casi una redundancia. El humanismo es ateo. O si no es ateo, es agnóstico.

Un ateo se pasa la vida tratando de demostrar que Dios no existe, obsesionado en lucha con èl y de algún modo, creyendo en Dios. El agnóstico està desinteresado en su existencia, quiere demostrar que lo que existe es el hombre.

Marx entonces dice: la religión es el opio de los pueblos. Quiere significar que para que los obreros se liberen, tienen que liberarse de la creencia de que la justicia existirà en otro mundo, o la justicia se consigue en la Tierra o no se consigue. La religión, entonces, es el opio de los pueblos porque los engaña, los adormece, los estupidiza, los invalida para la rebelión. Necesitamos hombres que sepan que no hay promesa divina que les garantice el paraíso, porque no hay paraíso. El paraíso o se consigue en la Tierra o no existe. Basta de ocuparnos del cielo, analicemos la tierra: la injusticia, la explotación y el capitalismo explotador estàn acà, la plusvalía y la ignominia –que es la palabra que utiliza en este texto- también.

“Este texto dice una frase maravillosa que puede marcar una vida absolutamente, sea o no uno marxista: ‘No alcanza con la ignominia, es necesaria la conciencia de la ignominia’. Sin la conciencia de la ignominia no hay ignominia (…) No va a ser hincàndome a rezar a Dios todopoderoso, absoluto y lejano como voy a solucionar mi hambre de hoy, sino haciendo un sindicato, para decirlo claramente (…) Entonces, no le recen màs a Dios, la religión es el opio de los pueblos, los estupidiza, y los curas son socios de los capitalistas y de los explotadores, dice Marx.”

Marx matò a Dios también. Pero el octavo pasajero, que parece aniquilado por todos los grandes filósofos de la historia en nombre del hombre, sigue resistiendo.

El màs cèlebre asesino de Dios, ahora sì. 1870. El màs explìcito asesino de Dios, porque lo dijo con todas las letras. Alguien tenía que anunciarlo finalmente. “Dios ha muerto” es la gran frase de Nietzche. Las ideas políticas de Nietzche no importan porque no importa lo que un filòsofo piensa políticamente, políticamente pueden pensar lo que quieran, pero la filosofía de Nietzche expresa la unidad alemana y la necesidad de expansión de la nación alemana. Una de las grandes tragedias de la historia humana es la unidad tardìa de Alemania pues determina la tragedia del siglo XX: necesitan expandirse a cualquier precio y lo haràn bèlicamente.

Nietzche va a ser un impugnador apasionado del cristianismo y del platonismo. Para Nietzche, Platòn, al dividir al mundo en mundo sensible y mundo suprasensible, comete el pecado originario de la filosofía. No hay mundo suprasensible, hay sòlo mundo sensible, el mundo de la vida. El cristianismo, al ocuparse tanto de la piedad y de la compasión y del Dios crìstico torturado en la cruz, se ha ocupado para èl de los valores de los débiles, de los valores del esclavo, de los valores de los derrotados y no de los valores de los fuertes.

Nietzche procurarà una raza de hombres fuertes, de "superhombres". El hombre es un puente tendido entre la bestia y el superhombre. Deja de lado el mundo suprasensible de Platòn y el mundo celestial del cristianismo, con esa figura de ese Jesùs piadoso que ha sufrido por todos nosotros, que ha sufrido para redimir nuestros pecados.

Dice “Dios ha muerto” porque los valores absolutos murieron. Y filosòficamente la frase es muy incòmoda pues quiere decir que ya no hay fundamentos de nada. También quiso decir que el hombre cartesiano ha muerto, que particularmente la razón ha muerto. Sin valores absolutos, lo que existe es la incerteza, la fuerza vital de la vida, que se expande a través de la voluntad de poder que siempre quiere màs. Nietzche ataca duramente al cristianismo porque lo ataca en su costado piadoso. No piensa en Torquemada, piensa en esa cosa piadosa del cristianismo y la detesta por blanda.

Hacia 1927, tambièn Heidegger mata a Dios. (Pero…) vamos a otro gran asesino de Dios: Jean-Paul Sartre, quien de entrada se declara ateo. En su texto de Sartre “El existencialismo es un humanismo” propone que el hombre no tiene esencia, el hombre no es, el hombre se hace, el hombre se da el ser. Si el hombre tuviera esencia, el hombre sería algo antes de ser, antes de existir. Para que el hombre sea algo antes de existir, tiene que haber algo asì como una esencia del hombre, alguien tiene que haberla creado: nuestro viejo amigo Dios. Como para Sartre no existe, el hombre no tiene esencia, tiene existencia, comienza por existir. Comienza por existir, por estar arrojado a la existencia y luego, existiendo, elige, se compromete. En cada uno de los actos en los cuales se compromete se da a sì mismo el ser, el hombre se hace haciéndose y Dios no tiene nada que ver.

La existencia precede a la esencia. Existiendo, actuando –y aquí viene la teoría del compromiso- comprometiéndose, eligiendo, se va dando el ser, se va creando a sì mismo, dándose el ser. En determinado momento, tiene un ser, el ser es todo lo que hizo en los años de su vida. Eso es lo que èl es, pero ya no lo es, es lo que no es. Es todo lo que hizo, no puede negar que hizo todo esto pero también es cierto que ya no lo es, porque es libre. Està condenado a ser libre (…)

“Tengo detrás una facticidad que es mi pasado, eso yo lo soy. Pero también no lo soy, porque ahora soy otra cosa, ya no soy eso en este momento (…) somos las infinitas posibilidades que tenemos por delante, o sea, somos algo que todavía no es, somos una sed, no somos nada. Sartre ha matado a Dios. ¿Por què? Porque si Dios existiera, nos largarìa al mundo siendo algo, siendo miles de cosas. Cualquiera de ustedes que vaya a la iglesia los domingos es un ens creatum que viene con un montòn de atributos que Dios le ha dado. Para Sartre no, Dios no existe, el hombre existe, el hombre se hace a sì mismo eligiéndose, comprometiéndose y se da el ser.”

¿Matò la filosofía a Dios o Dios es el octavo pasajero que reaparece por distintos, inesperados, sorpresivos lugares de la nave espacial? (…) En Descartes, Dios es el cogito. En Kant, Dios es el sujeto trascendental. En Hegel, Dios es el desarrollo de la autoconciencia, es la historia y en última instancia es el Estado. En Marx Dios es la materia, es la historia y su redentor es el proletariado. En Nietzche Dios es la vida, la voluntad de poder y Dios es el superhombre. En Heidegger, Dios es el lenguaje. En Althusser, Dios es la estructura. Para Foucault, si ha muerto Dios, ha muerto el hombre. Y también ha muerto el autor, para Barthes (…) En Sartre Dios es el hombre, clarísimo, el hombre del humanismo sartreano, èse es Dios (…) En Derrida, Dios es el texto, un Dios sin trascendencia, porque para ese autor no hay nada fuera del texto. En Freud, Dios es el inconsciente, y en Lacan, màs precisamente, el inconsciente estructurado como un lenguaje (...) La gran herida narcisista al sujeto se la da Freud. Ese sì que le da una puñalada certera al sujeto cartesiano. Freud le diría a Descartes: vos pensàs, vos dudàs, estàs seguro de tu duda, pero hay pulsiones y cosas muy raras que te pasan.

La filosofía no puede existir sin un fundamento, le llamemos como le llamemos. Dios en la filosofía es aquello a partir de lo cual todo lo demás se explica. Entonces de Dios no nos desembarazamos nunca porque los seres humanos no podemos vivir sin algo que en última instancia explique lo inexplicable: este mundo y el hecho asombroso de que estemos aquí. Por eso, Dios, a pesar de sus asesinos, no ha muerto ni morirà jamàs. Al menos, Dios entendido como absoluto que explica todo lo demás. Entonces, como los hombres no pueden vivir sin absolutos, como es absolutamente difícil vivir en la incerteza, Dios es ese alienígena que no podemos echar de la nave, que aparece por mil y un distintos lugares.

“Porque la sed de los hombres es encontrar siempre algo que dè sentido a sus pobres días sobre la tierra. En la figura del Papa como representante de Dios en la tierra se expresa también esa sed de calmar nuestra incertidumbre. Yo nunca vi el contrato del Papa con Dios (…) hay muchos que tienen desesperadamente la necesidad de creer que ese contrato existe, que el Papa representa a Dios y que la palabra del Papa revela la palabra divina de Dios. Porque eso calma la angustia tanto como el alcohol, la cocaína y el Rivotril. Entonces el Rivotril es Dios también, es una de las formas de Dios. En fin, todo lo que calme la angustia.”

La teología de la liberación y los curas que han muerto por causas sociales han tenido, claro, otra interpretación de lo crìstico. Son un modelo vàlido, està muy bien. Pero creen en el Dios del compromiso con los pobres, creen en el Cristo humilde que vino a traer paz, etc. en una interpretación, diferente de la oficial, pero ellos no mataron a Dios.

“Dios es un alienígena que no podemos echar, porque nuestra pequeña naturaleza lo necesita, porque tiene sed de absoluto. Entonces en algún lado depositamos ese absoluto siempre. Està también el tema del amor, que es muy lindo, pero de eso hablaremos en otro momento.”

(De "La filosofía y el barro de la historia") - Pág. 575: (citando a Rubén H. Ríos): “En cuanto está en juego la salvación de cada invididuo, el poder pastoral cristiano comprende una serie de técnicas y procedimientos de producción de la verdad, en especial relacionados con el interior más íntimo y secreto del sujeto, el examen de conciencia y la confesión son los mecanismos a través de los cuales el pastor obtiene la verdad subjetiva de cada uno de los miembros de su rebaño” (...) Lo habitual que vemos (…) es la dependencia del confesante. “Te escucho, hijo” es la frase del cura. Es la frase-apertura para que el pecador abra su subjetividad y se la entregue al pastor. Además los pecados que el pecador confiesa son los pecados que el poder pastoral le ha inculcado como pecados. ¿Quién inventó los pecados? No los pecadores. A ellos se les ha dicho desde niños cuáles son los pecados. Y tanta pasión y oscura curiosidad le han despertado sobre ellos que acaban por cometerlos. Luego se arrodillan ante el poder pastoral y los confiesan. Así, el poder pastoral atrapa sus almas: los sujeta.

Pág. 577: Sigamos con el texto de Ríos: “En la historia de la sexualidad que proyectaba Foucault, el cristianismo, más que reprimir el deseo sexual –la concuspicencia- lo usa para controlar la subjetividad por medio de ella misma al hacer del cuerpo el índice de la caída en el pecado de la carne.” El cuerpo como pecado (caída de la carne) y el “alma” como herramienta para la confesión y entrega de la subjetividad al poder pastoral. Esta represión y prohibición del sexo, en el régimen pastoral cristiano tiene, de no cumplirse, un castigo absoluto: se pierde la salvación del alma (…)

"La política es como la fe. No hay razones para creer en Dios. No hay razones para no creer en Dios. Dios es indemostrable. Todos esos ejercicios que radican en demostrar su existencia o su inexistencia son banales. En su camino hacia Dios llega un momento en que la razón, impotente, se detiene. El que quiera creer tendrá que saltar. El que no pueda saltar no creerá. El salto es la fe. Es un salto sobre un abismo, un salto sin red. De aquí que la fe no sea la razón. La razón procede por sumatorias que convergen en la demostración de algo. Hay un hilo conductor. Nunca aparece el abismo. La razón construye un camino seguro, sólido. Si pretende demostrar algo sobre Dios se sorprenderá siempre en cierto momento: un abismo se abre ante ella y no puede avanzar. Carece de pruebas empíricas, verificables. Uno de los grandes principios de la razón es la posibilidad de la verificación empírica. Dios no es verificable empíricamente. Ese es el abismo. Ahí, si aparece, se necesita la ayuda de la fe. La fe me permite saltar el abismo de la imposibilidad empírica". José Pablo Feinmann. Artículo "Soberanía y poder". Pg12. Domingo 22/04/12.



La religión para mi

Allá lejos y hace tiempo, fui durante la primaria y la secundaria a un colegio de raíces cristianas (La Salle). Por ende, más allá de la mayor o menor dedicación que le puse a las cuestiones religiosas, no puede decirse que mis educadores no tuvieron oportunidad de convencerme que la religión es la solución a los problemas individuales y sociales del hombre. Puedo decir que tengo algún conocimiento de la liturgia, las formalidades y la organización de “los fieles”.

Mis hijos concurrieron durante muchos años a una escuela parroquial, lo cual me permitió hacer comparaciones de la educación religiosa entre distintas épocas, sin notar que hayan cambiado muchas cosas. Como previsible resultado soy una persona sin fe en la religión ni en los religiosos, que no cree en la potencialidad del cristianismo y -como cualquiera- advierte en su pasado muchas complicidades en la explotación del hombre a quien dice defender. Salvo su práctica solidaria y ayuda efectiva a los más necesitados, no creo que las organizaciones religiosas sean útiles a la sociedad.

Mi familia nunca fue particularmente cristiana, no fue practicante. Como hechos aislados recuerdo a mis padres encomendar a Santa Rita la salud de mi hermano menor enfermo de peritonitis, por lo cual concurríamos a una iglesia ubicada en Floresta y a otra en Boulogne, consagradas a esa virgen.

También recuerdo especialmente que mi padre me había convencido de la importancia de terminar sin ausentismos los siete años de la escuela primaria (San José de Lasalle) y por eso durante ese lapso nunca falté a clases. El verdadero problema era que lograr aquel récord de asistencias implicaba no faltar a misa porque había una insinuación de obligatoriedad por parte de las autoridades del colegio: así que este tonto que escribe debía concurrir a las insufribles ceremonias los domingos, sin tener ganas. Una verdadera tortura.

Imaginen una ceremonia de unos 45 minutos dictada en latín. No tendría sentido, ¿verdad? ¿Qué podrían comprender? ¿Cómo compenetrarse del significado de la liturgia? ¿Cómo no terminar repitiendo mecánicamente el comportamiento de los demás anulando el raciocinio? Durante un tiempo, parte de las misas a las que concurrí fueron en latín por una medida del Vaticano que ordenaba retrotraer las cosas a normas ya superadas en todo el mundo. Luego se volvió a dictar en nuestro idioma pero la cosa no cambió mucho porque seguí sin comprender muchas de las frases propaladas. Encima, parándose o sentándose alternativamente según la importancia impuesta a los distintos segmentos de la misa.

Todavía ahora veo a la gente en las misas muy compenetrada con el acto, como compungida, en actitud sufrida, quizás simplemente respetuosa. ¿Representan un papel? Me resulta inexplicable que se repitan movimientos y palabras sin entender su significado. Aún si se los comprendiera, una simple desconcentración invalidaría la participación. Además, literalmente se adoran imágenes, ¿no es verdad? Lo cual para la visión del propio cristianismo podría ser una blasfemia o paganismo... si lo hacen fieles de otros credos o un ateo, claro. Se pronuncian y escuchan como lógicas y normales frases "de estampita" sin contenido aparente. Aseveraciones similares en boca de evangelistas, por ejemplo, serían consideradas desvíos a la sana interpretación de "La Palabra". ¡Ah! y de muchas cosas no se habla porque son "misterios", como ciertos asuntos relacionados con la Santìsima Trinidad...

¿Y si hablamos de la bajeza en la que caen numerosos curas al aprovecharse de niños para satisfacer sus instintos sexuales reprimidos? ¿Y si, encima, son protegidos por las cúpulas eclesiásticas? Que repugnancia: aprovecharse de la condición de maestros o "guías espirituales" para pervertir. En vez de salvar almas, las destrozan. En Estados Unidos se llegó al colmo que la iglesia oficialmente repartiera dinero para callar a los damnificados. Fue un hecho público, salió en todos los diarios, creo que el epicentro fue Chicago. Hasta el actual Papa ocultó a varios depravados cercanos. Su propio hermano estuvo involucrado en Alemania en hechos de ese tipo. ¡Qué locura! Nuestro colegio lasallano fue "pionero" en ocultamientos: allá por los 60s el gallego "hermano David" fue removido vaya a saber a que otro instituto lejano luego de un hecho lleno de incógnitas. ¿Se acuerdan amigos? Nunca más se habló.

Volviendo a la simbología religiosa, y tratando de no ser injusto ni extremista, podría hacer un paralelo con la de la patria: el himno nacional también puede repetirse como un loro sin compenetrarse y no estar conmoviendo a quien lo canta. Los de ideologìas internacionalistas o ciertos religiosos rechazan los símbolos patrios y a uno ese hecho le parece reprobable. Aunque todos sean símbolos de pertenencia a un grupo, no le veo sentido si resultan ser acríticos y repetitivos. No me importa ser contradictorio o embarrar la cosa: pienso en voz alta también con esto.

Habiendo rechazado lo religioso y siendo muy desconfiado de la política y aún de la ubicuidad y equilibrio de la gente común (basta con eso que el pueblo no se equivoca), una de las pocas certezas que tengo en la vida es que la solidaridad y el sentido crítico son las únicas conductas humanas que redimen, que justifican. Quienes tienen las agallas suficientes para dar sus bienes, su tiempo y su dedicación a los demás, demuestran una actitud encomiable. Leí una frase de Teresa de Calcuta que me pareció reveladora: “Dar, hasta que duela”. Horanosaurus.

Mi amigo, el contador de origen vasco Fixie, tenaz buscador de rarezas en la web, me acerca este interesante escrito, pieza de psicología religiosa surgida vaya a saber de que alma habitante del seminario del colegio Lasalle de Florida, Buenos Aires. Menciona nombres conocidos para quienes estudiamos allí. Más que develar la identidad del autor sería un trabajo crítico interesantísimo definir los rasgos de la personalidad del narrador, si se tratara de una historia verídica. Y, si está novelado, evaluar los hallazgos de su escritura.

"Yo vivo acá en el colegio, es inmenso. Es un seminario y cuando seamos grandes vamos a salir sacerdotes. Alguna vez voy a ir a Roma, al Vaticano, y lo voy a conocer al Santo Padre. Tengo que ser bueno y ser obediente. Yo sé que por más que me esmere igual peco porque el santo más santo peca siete veces por día. Hoy me levanté muy resfriado pero no me importó porque desde ayer estaba contento por la tarea que nos toca hacer. Acá en el colegio hay huertas, y canchas de fútbol y patios, y una gruta a la que es muy difícil llegar porque hay un único camino que para colmo en los días de lluvia se embarra y se hace intransitable. Ayer el hermano Nicasio, que es muy gordo y siempre anda con una campana de metal entre las manos, nos dijo que tenemos que abrir otro camino hacia la gruta. El hermano Nicasio me asusta un poco, sobre todo de noche cuando escucho el crujido de sus pasos por los corredores. Siempre, en invierno o en verano, usa sandalias franciscanas que se llaman así porque las usaba San Francisco de Asís.

El hermano Nicasio dice que está mal que haya un solo camino, que como bordea el montecito y tiene suelo de roca no absorbe el agua, entonces cuando llueve un poco más de la cuenta se inunda y no se puede pasar hasta por lo menos tres días después, cuando el sol seca todo, y como acá en invierno llueve mucho, es necesario hacer otro camino hacia la gruta, sino no se la puede visitar la mayor parte del tiempo y eso no es bueno para la fe, que en gran medida, dice, se nutre de las oraciones a la Virgen y a Santa Bernardita.

Siempre pienso que el día en que a Santa Bernardita se le apareció la Virgen en la gruta de Lourdes debíó ser un día hermoso. El Hermano Nicasio dice que la gruta de Lourdes, la original, la de Francia, es igual a la de nuestro colegio pero un poco más grande. No sé cómo es Lourdes. Yo le voy a pedir al hermano Luis, que es más dulce que el hermano Nicasio y no pega con la campana en nuestras cabezas, que me enseñe un libro de la biblioteca donde haya fotos. El hermano Luis, que estuvo, cuenta que Lourdes es un lugar con mucho campo partido por montes de piedra, con árboles que se desparraman como pájaros sueltos hasta agruparse en bandadas, o sea bosques cada tanto, donde la sombra es tanta que siendo de día parece de noche. La gruta de Lourdes debe estar como la nuestra, metida en medio de un ramillete de árboles al que es difícil entrar, me imagino.

El Hermano Luis dijo que no hay que talar más árboles que los necesarios para hacer el camino nuevo pero el Hermano Nicasio le contestó que aunque a él también le diera pena es inevitable, es preferible sacrificar algunos árboles que no poder acceder a la gruta y tener que sacrificar la fe. Forte, un compañero que quiero mucho y no sé por qué no nos dejan dormir en la misma pieza, dijo que hay sierras eléctricas, pero el Hermano Nicasio le contestó que no, que tenemos que hachar nosotros los árboles, que es un buen ejercicio que nos va a hacer valorar más a la Virgen cada vez que recorramos ese camino para llegar a ella, porque habrá sido el fruto de nuestro esfuerzo. A mi me encantó la idea de tener un hacha en la mano y hachar como si fuéramos don Julio, el señor que hacha la leña para combatir el frío, que no sé por qué no le decimos leñador.

El hermano Nicasio dice que no tenemos que tomarnos como un juego el hecho de hacer un nuevo camino hacia la gruta, que al contrario, tenemos que hacer el camino nuevo hacia la gruta con sentido de sacrificio porque de esa manera Dios lo va a apreciar. Empezamos a trabajar y después de no parar en todo el día, cuando terminamos al anochecer, el camino nuevo está hecho. Es ancho y no se va a inundar más y estamos todos felices porque el acceso a la Virgen está garantizado. Yo, hachando, transpiré mucho aunque hacía mucho frío, y soporté sin quejarme el dolor en los brazos y las llagas en las manos que me salieron.

Estoy orgulloso, pero no mucho porque no quiero caer en el pecado de vanidad. El Hermano Nicasio, tenía razón cuando dijo que hachar lastima y que hay que aprovechar para ofrecerle nuestras lastimaduras al Señor y a la Virgen, su madre".

Por último, me topo con un artículo para seguir pensando: "¿Y dónde está Dios?: los desvastadores terremotos sacuden la fe de los cristianos" Diario Clarín del 09 de marzo 2010. Una pregunta tan vieja como el ruido con derivaciones increíbles (hay algunos razonamientos realmente pelotudos). Ahi va el link...

Y unos minutos despuès con este otro, sobre el encubrimiento de denuncias de delitos sexuales en la Iglesia, tambièn en Clarìn del 28/03/10, firmado por Julio Algañaraz ("Benedicto XVI, ante el dilema de las dos verdades contradictorias":
















"Nunca màs" (abusos sexuales). Manifestaciòn en Berlín, Alemania. Abril de 2010.

Demonios Clarín Sábado 06/11/10 Por Claudio Mario Aliscioni. Benedicto XVI pone a España como ejemplo del conflicto entre religión y modernidad. Tiene razón. Ese país, que por décadas fue el paraíso de la devoción católica, es hoy un símbolo de las contradicciones que desnudan la Iglesia actual. El Papa llegó esta vez como peregrino y como pastor. Es su tercera visita en seis años. Y pese a lo dicho en contrario por el Vaticano, también arriba como el líder político que es. En ese carácter debe leerse su queja por el “laicismo agresivo” que ve en la España actual, al que compara con el anticlericalismo de la Segunda República. Es una crítica grave que despierta viejos demonios. Y debe sonar muy antipática a oídos de quienes la escuchan como un velado reproche a la libertad republicana previa a la Guerra Civil que ensagrentó a España. Hilando fino, hasta puede verse allí una objeción a las libertades propias de cualquier democracia. Pero todo es coherente con Benedicto, que insiste en atribuir la fuga de fieles a lo que pasa fuera de la Iglesia. ¿Ejemplos? Quiere liderar la iglesia del futuro y rechaza el aire nuevo del Concilio II. Busca ganar a los jóvenes y se muestra renuente a su música y a sus costumbres. Pretende sumar adeptos fuera de Europa y congela el número de obispos en América latina, donde viven las mayorías católicas. Ni hablemos de los casos de pedofilia que generan una preocupación mayúscula por lo que pasa dentro –y no fuera– de la institución. Todo el delicado asunto del lazo entre razón y fe es complejísimo. Pero los intrincados temas de nuestros días merecen más que argumentos teológicos de hace varios siglos.

"Lo que más me escandaliza es el silencio de la Iglesia".
Lo dijo a La Nación el padre jesuita y teólogo argentino Miguel Yáñez. La Nación 10/02/12.



OTRAS ENTRADAS RELACIONADAS EN ESTE BLOG:

2 comentarios:

  1. Uhhh me quede con ganas de mas....algun dia ire por el libro si me saco el prejuicio.

    ResponderEliminar
  2. Laconchagaray amigo: los prejuicios respecto a JPF aca no corren. En ningun parrafo del libro menciona a los K. Horanosaurus.

    ResponderEliminar